El agua, ese líquido vital considerado por la ONU junto al saneamiento básico como bien común universal
El
agua, ese líquido vital considerado por la ONU junto al
saneamiento básico como bien común universal, se vuelve a menudo esquivo, ya sea por la existencia de pocas corrientes fluviales o por recurrentes sequías, dos causas visibles en Cuba.
El
Instituto de Recursos Hidráulicos, encargado de administrar y facilitar el servicio de agua, asumió un volumen significativo de inversiones para lograr que Cuba enfrente mejor preparada los repetidos períodos de aridez y los efectos de la desigual e insuficiente potencialidad de
redes fluviales.
En la mayor de las Antillas se trabaja arduamente en la rehabilitación de redes y conductoras y se construyen trasvases entre montañas y llanos, fundamentalmente en las regiones oriental y central.
Parejamente se labora en la reconstrucción de un grupo de acueductos como el de la oriental Santiago de Cuba, obra ya culminada aunque sujeta a precisiones finales.
El impacto social de la rehabilitación integral del acueducto de la segunda ciudad en importancia de Cuba está fuera de toda duda, porque beneficia a más de 400 mil habitantes, muchos de ellos con dificultades para
recibir el agua desde hace años.
Por supuesto,
abastecer de agua las 24 horas del día a todos los cubanos depende NO sólo de millonarias inversiones, como algunas de las ya aprobadas y en marcha, o de la rehabilitación de conductoras con salideros, por antigüedad y falta de mantenimiento.
También se impone promover nuevos estilos y adecuados hábitos de
consumo del agua en las empresas estatales y en la población, con prácticas enraizadas en el uso poco racional, a fin de hacer sostenibles económicamente las inversiones.
Es cierto que a causa de las limitaciones materiales de Cuba existen dificultades con los sistemas de redes de distribución y los herrajes de plomería, elementos esenciales para alcanzar el ahorro al que se aspira.
Pero el país tiene necesidad de proseguir las faenas a fin de reducir las pérdidas tanto en el trazado de las
conductoras de agua a través de las ciudades como en las instalaciones en el interior de las viviendas.
El
uso razonado del agua debe ser una máxima en Cuba y a su favor actúa la decisión de incluir esa acción entre los indicadores principales de los planes económicos de las empresas estatales.
Hasta las personas menos conocedoras del asunto saben que para
generar el agua y conducirla hasta las viviendas o las entidades económicas y de servicios, resulta necesario invertir en la generación de electricidad y en el bombeo.
Es esencial entonces que los gigantescos consumidores de agua en Cuba como la agricultura se comprometan a hacer un eficiente manejo.
Y los que consumen menos, como los moradores de las viviendas, también aporten su cota de ahorro, alistando las conductoras internas en las medida de las posibilidades económicas personales y del país.
Cuba, que promueve una mejor calidad de vida, debe afianzar a la par una cultura sobre las formas más apropiadas de
consumo del agua.
Fuente:
Radio Habana Cuba